lunes, 3 de septiembre de 2012

DO YOU REALLY WANT TO LIVE IN A WORLD WITHOUT COCACOLA?

Es aquí donde miré por la ventana desde el otro lado y vi tu planeta. Quién lo iba a decir. Ahora cierro esta puerta y la dejo atrás, para dar paso a otros sustitutivos creo. En eso consiste todo. Por favor, no te olvides de tus promesas...


Me despertaré pronto, con una patita felina dándome golpecitos. Me levantaré despacio, para no hacer ruido. No quiero despertarte, que otra vez has dormido poco, pero yo tengo que irme, porque a mi migraña no le gustan las despedidas. Te daré un beso en la frente. No se me olvidará tu café con leche, ni tu sonrisa, cuando baje por la escalera y contemple mi reflejo en ese espejo inmenso, que te dice éste eres tú por las mañanas. Me miraré por última vez. No voy a volver. Me he vaciado a la vez que se iba vaciando esta casa.

Estoy a punto de cumplir 25 años, y no soy madura ni para desprenderme de un sofá. Me gustaría poder meterlo en un botecito, así como tu pijama de cuadros y tu bol de cereales. Porque los cambios a veces traen consigo un efecto dominó, especialmente en las personas inestables, y estamos en lo de siempre: miedo a la incertidumbre.

Nos mudamos de contexto casi al mismo tiempo que de estación, dos cambios grandes para alguien tan pequeño. Me pregunto qué pasará en otoño. Sólo espero que me recuerdes con una sonrisa.

No estoy preparada...

K.





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