martes, 22 de mayo de 2012

BIENVENIDO AL MUNDO DEL ENSAYO Y DEL ERROR...



Es tormentosa la manera en que se mueve cuando sueña, tanto que resulta contagiosa esa angustia suya. Pero antes de que la química termine de hacer efecto, se encuentra en un estado de profunda relajación, inusual en una vida como esa. Apenas dura unos minutos, pero unos minutos bien merecidos. Normalmente aprovecho para darle el último beso del día, y él responde a veces con un gesto humano que me hace reír, tocándose la cara en una especie de rechazo, como cuando un niño cree limpiarse los besos de sus mejillas pero los recoge en su mano sin querer.

Suerte que ese momento no es tan amnésico para mí como para él, quien no suele recordar nada de lo descrito. De hecho, muchas veces me asegura que yo me dormí antes.

El otro día le dejé ahí, en horizontal y entre sábanas y mantas, por este mayo ambivalente, y todavía no había llegado ese momento. Luego entendí que si había entrado en la habitación azul más triste que de costumbre, era precisamente porque le había dejado allí solo con los ojos bien abiertos, despierto ante esta vida que es mejor no ver.

Porque ahora me toca dejarle de lado, siempre he hecho lo que he querido con mi tiempo, he sido una confiada impulsiva y especialista del último minuto. Pero eso es algo que en teoría he de abandonar si quiero hacer algo más conmigo misma que no sea comerme un caramelo hoy a cambio de perder la caja entera mañana. Pero me cuesta, me cuesta dejar que el tiempo pase ante mis ojos sin comer un solo caramelo.

Me quedé cerca, demasiado cerca como para no pensar en aquella película, aunque hable de la mala suerte...hay momentos en que la pelota golpea con el borde de la red, y durante una fracción de segundo puede seguir hacia delante o hacia detrás. Con un poco de suerte sigue hacia delante y ganas, o no lo hace y pierdes. Y yo perdí. Miles de personas quedaron por abajo, y ciento y pico quedaron por arriba y yo no estaba en el lado afortunado de la línea que separaba una vida de otra. Para que luego digan que lo importante es participar. ¿Pero alguien se cree eso?

No me duele demasiado haber fracasado, pero sí tener que elegir dejarle con los ojos bien abiertos, despierto ante esta vida que es mejor no ver. La misma vida sobre la que hablamos hace tiempo, cuando él me contó cómo había sobrevivido... algo sobre escuchar música y autoengaños variados. Más o menos como yo.