lunes, 30 de mayo de 2011

UN VIEJO AMIGO...


Las ideas se vuelven más claras cuantas más horas sin dormir colecciono, los 30 minutos de diazepam se hacen eternos. El corazón me late deprisa, el aire entra y sale cansado, la cabeza me va a mil por hora y el vacío de encontrarme conmigo misma en esta habitación azul deshincha cualquier burbuja de endorfinas que me haya imaginado. No me relajo de ninguna manera, aunque intente imaginarme a Sergio, a los gatitos o a la cosa más bonita que se me ocurra. Todo se vuelve una imagen sangrienta, cada vez más violenta y nítida, que no me deja en paz. Tengo miedo a cerrar los ojos y miedo a dormir. Es irracional, absurdo y una pérdida de tiempo.

No te echaba de menos. Buenas noches.

viernes, 27 de mayo de 2011

THE TRUMAN SHOW...

A las 8:25 enciendo la radio del coche. A las 8:30 dos mujeres vestidas igual caminan a paso ligero por la salida de Sabadell, antes de llegar al paso de peatones. Si paso 2 minutos más tarde, tengo que dejarlas cruzar y entonces llego tarde.

A las 8:35 los coches de la autoescuela van generando la típica caravana de las horas puntas, que todo el mundo piensa que se crean por los horarios laborales pero los verdaderos causantes son ellos,  los coches de prácticas, que están estratégicamente colocados haciendo tapón en los principales accesos y grandes avenidas, poniendo a prueba la paciencia de cualquiera. Estoy segura.

A las 8:40 desaparece la cara de sueño de los conductores y los sentidos se agudizan, la ley de la selva comienza para encontrar aparcamiento. Es increíble observar las cosas que la gente puede llegar a hacer con tal de aparcar. Si nunca has odiado a nadie, ese es el momento idóneo para empezar. Bajo el volumen de la radio, pero lo tengo todo controlado: A las 8:45, mientras una mujer con una bolsa de colores espera en la parada de bus, otra mujer rubia y con gafas de sol, aparca su Toyota rojo en doble fila, esperando que se vaya el coche aparcado justo al lado de La Caixa. Si la mujer de la parada no está o si el Toyota rojo no está en doble fila y está aparcado, significa que has llegado tarde y que ya no vas a poder aparcar, lo que en mí significa que el día empieza a ser una mierda, porque confirmo que sigo siendo un desastre total.
Si todo va bien, a las 8.47 llego a la calle donde siempre aparco, justo a esa hora se va una mujer con sus hijos en un Renault Clio blanco, pero es un poco caótica y no siempre es puntual. Por suerte, puedes esperar al hombre de las camisas azules con rayas, que se va a trabajar en su Audi A4 a las 8.50.

Una vez fuera del coche, la chica de la correduría de seguros me mira a través de las persianas, abandonando un segundo todos los papeles que tiene siempre encima del teclado. No parecen nada apetecibles a esas horas.

Unos metros más allá, me encuentro a la mujer que acompaña a su hijo al cole siempre vestido con la camiseta de algún jugador del Barça, al chico que se come un plátano al cruzar el puente, y a un grupo de niños escandalosos y uniformados, que se dirigen a la parada de autobús que hay justo en frente del hospital, donde siempre les esperan 3 niñas más, mientras una chica muy guapa les observa escuchando música por los cascos.

En la puerta del csm, dos psicóticos y dos enfermeras fuman juntos el primer cigarro del día. Cuando cruzas la puerta, todo huele al detergente de flores que echan todas las mañanas los yonkis rehabilitados. Luego esas escaleras mortales, y cruzar la segunda puerta, la de cristal. 

Omar, nuestros caminos se separan aquí. Suerte.

miércoles, 25 de mayo de 2011

EME D. : BULIMIA NERVIOSA


A Eme D. la conocí porque la derivó su psiquiatra, diagnosticándola de trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH). Es lo que pasa si tienes 19 años y vas al médico a decirle que no puedes parar quieta, que no te concentras estudiando, que eres impulsiva. Es lo que pasa si dices eso y además ocultas información.

Eme D. es una chica un poco peculiar en su forma de hablar, nunca sabes de qué rollo va. Tiene un pelo que envidio, rubio dorado larguísimo, con unos cuantos tirabuzones en las puntas. Es bastante guapa aunque pesará 6 o 7 kg de más, peso que se quitaría de encima cuando desapareciese el trastorno psiquiátrico.

Al principio la traté como si tuviera un trastorno por déficit de atención con hiperactividad, sin poner en duda el diagnóstico de su psiquiatra (craso error, dos cabezas piensan más que una). Después de varias visitas explicándole cómo organizar su tiempo, sus estudios, sus actividades obligatorias y de ocio y cómo concentrarse mejor, me di cuenta de que la cosa iba por otro lado. FAIL!!!

Ella empezó a soltarme cosas incompatibles con un TDAH, y empezó a hablarme de chocolate y ensaimadas más de lo normal. Cada vez que le preguntaba la cantidad de chocolate que podía comer en 10 minutos, me decía una cosa distinta. Al principio me dijo una onza, luego dos, luego media tableta, luego la tableta completa, luego dos tabletas. Yo creo que desde hace años se mete las dos tabletas. Luego vomita, claro, sino por qué iba a comer tanto chocolate.

La bulimia es un trastorno que mucha gente piensa que es vomitar después de cada comida y ya está. Y si no vomitas pero no comes y estás delgado, entonces eres anoréxico. Va por ahí la cosa, pero no es exactamente así. La anorexia nerviosa se diagnostica cuando has perdido un 15% o más de tu peso ideal. La persona anoréxica no suele comer mucho, pero puede provocarse el vómito y no por ello pasa a ser bulímica. La bulimia nerviosa es más difícil de detectar, porque la persona no tiene por qué estar excesivamente delgada, puede estar en su peso ideal o en sobrepeso. Ha de hacer atracones para poderse diagnosticar. Por atracón no entendemos comerse10 galletas para merendar. A veces la gente dice "he hecho un atracón" por comerse una bolsa entera de patatas. Por ejemplo yo. Esa gente no tiene ni idea de lo que el estómago puede soportar. Entendemos atracón como comerse 50 galletas en 10 minutos, y luego la bolsa entera de patatas, claro. Y quizá un helado de postre. Después pueden vomitar o pueden utilizar otras cosas para compensar el atracón (gimnasio, ayuno). Las 2 enfermedades comparten distorsión de la imagen corporal y obsesión por el peso, y las dos pueden ser mortales.

La bulimia a veces se comporta como una adicción. Una obsesión con la comida, un consumo abusivo, un mal uso. Un no poder parar de consumir comida, de pensar en ella, de soñar con ella, sin control, de manera compulsiva. Y no poder dejarlo sin ayuda. Y existen otros periodos de abstinencia total, de comer verdura, ayunar. En teoría para compensar el descontrol, pero abstinencia = deseo de consumir = probabilidad elevada de consumo. La diferencia que hay entre la bulimia y una adicción, es que tú le puedes decir a un yonki que no se meta nada de coca, pero no le puedes decir a un bulímico que deje de consumir comida, porque la necesita para vivir, aunque le esté matando. Complicado.

Otra cosa típica de las adicciones son las mentiras. Eme D. no ha parado de mentirme nunca. Me dice que no se provoca el vómito, que vomita espontáneamente, que no hace atracones, que sólo come una onza de chocolate, que no se ve gorda, que no quiere adelgazar, que no se salta comidas, que no hace deporte excesivo, que es feliz, que es una persona tranquila y que sigue una dieta sana y equilibrada. Todo mentira.

Aun así, ya le dije que tiene bulimia nerviosa, y que las mentiras forman parte de eso que ella considera un estilo de vida. Ella dejó de venir cuando le dije eso, pero luego volvió y me dijo que quería curarse. Curarse de "eso de la comida", porque no se atreve a pronunciar la palabra exacta.

Nos hemos visto 2 o 3 veces después de eso. Hemos conseguido avances: que reduzca el vómito y que su madre deje de tocar los huevos insistiéndole en que hiciera un régimen de adelgazamiento. Sin embargo, sigue mintiendo, así que nunca sabes hasta qué punto la mejora es real. La he avisado de los graves riesgos para su salud, pero ella no quiere estar sana, quiere estar delgada. No creo que sea culpa suya. Es lo que le han enseñado. Porque sus hermanas son delgadas y perfectas y ella no. Y su madre siempre las ha comparado.

No happy ending here. Nuestros caminos se separan aquí. Suerte.

martes, 24 de mayo de 2011

ELE B. : TRASTORNO LÍMITE DE LA PERSONALIDAD + ¿RASGOS OBSESIVOS COMPULSIVOS DE LA PERSONALIDAD?



A Ele B. la conocí a los pocos días de que ella intentara desaparecer del mapa tomándose todas las cajas de pastillas que encontró por casa. Siempre es un marrón conocer a alguien así cuando en lugar de decirle la verdad, has de decirle que la vida es bonita.
Pero no, después no resultó ser tan traumático, porque sin que yo le dijera nada, ella ya me dijo desde el principio que la vida era bonita. Sólo que no tenía la capacidad de disfrutar, ni siquiera de las cosas bonitas.

Ele B. es una mujer extremadamente delgada, pálida como un muerto, tan rubia como frágil, con unos ojos que dan miedo o inspiran ternura, según el día. Una antigua bailarina de ballet que tuvo que dejar la competición porque era demasiado competitiva. Una enfermera que tuvo que abandonar el hospital donde trabajaba para entrar en otro, esta vez sin bata blanca, por querer ser perfecta, por querer ser bonita, por querer ser más delgada todavía.

Cuando le pregunté a Ele B. qué creía que le estaba pasando en la cabeza, me respondió que le habían dicho que tenía depresión, pero que ella llevaba muchos años deprimida, que la medicación no le hacía nada.
Vamos, que a Ele B. nadie le había comentado que quizá su problema era un poquito peor (si es que se puede considerar que la depresión es "mejor" por tener un inicio y un final). Y no porque no lo supieran. La razón de por qué no le habían dicho nada sigue siendo un misterio.

A Ele B. lo que le pasa es que tiene un trastorno de personalidad que no puede con él. O mejor dicho, dos. Todavía no está claro cuál predomina sobre cuál, unos días pienso una cosa y otros días pienso otra. Lo que está claro es que tiene una mezcla maligna. A cualquiera que entienda del tema le explotaría la cabeza sólo por el concepto de esa mezcla, por la incompatibilidad y contradicción, así que la propia Ele B. tiene mucho mérito de seguir viva a sus 30 y pico, sin que le haya explotado la cabeza aún, aparentemente.

Por una parte, trastorno obsesivo compulsivo de la personalidad. Preferencia por el orden, lo racional, lo controlado, los rituales, los planes, la intolerancia a los cambios, la normatividad. O lo que es parecido, no tolerar errores. No permitirse fallar ni en lo más mínimo, nunca.

Por otra parte, trastorno límite de la personalidad, su opuesto. Preferencia por las cosas novedosas, lo emocional, lo impulsivo, lo improvisado, lo descontrolado. La sensibilidad extrema.

Y todo esto da como resultado una persona altamente perfeccionista, a la cual le gustaría ser organizada, no fallar en su palabra, llevar a cabo todos los planes; pero extremadamente inestable como para cumplir todas esas cosas, extremadamente sensible a cualquier error, extremadamente vulnerable a que pase una mosca por su lado y se sienta abandonada porque la mosca ha pasado de largo sin mirarla.  

Además, suficiente inteligente como para darse cuenta de todo el asunto. Complicado, rígido y sin solución. Heridas invisibles que deben doler y mucho.

Pero no nos confundamos. Cuando algunas personas ven en un papel “trastorno de personalidad” huyen como si hubieran visto un monstruo. Los mismos psiquiatras opinan que de los TLP hay que huir, cuanto más lejos mejor. Y quizá Ele B. sí sea un monstruo, pero no es voluntario. A veces hace daño, mucho daño, con sus palabras con sus actos. Pero su calidad humana ya la querrían muchos cuerdos y muchos psiquiatras. Ele B. tapa todas las noches a su hija, la ayuda a hacer los deberes todas las tardes, se traga la misma peli de dibujos animados todos los fines de semana, la escucha, la entiende, le dice que por mucho que chille, siempre la querrá. Y es cierto, siempre lo hará, porque crea vínculos con las personas, vínculos enfermizos que la gente normal no puede entender.

Intenté ser clara con ella, explicarle lo que estaba pasando en realidad, y que lo que debía intentar era vivir con ese ruido insoportable de fondo, que no iba a desaparecer. La hice llorar con el diagnóstico, pero luego se sintió relajada por saber que aquello tenía un nombre.  Al fin y al cabo, ya sabía lo que le pasaba sólo que no tenía las palabras precisas.

Nos hemos visto muchas veces, casi cada semana, y nunca ha estado mejor, aunque alguna vez ha sonreído y en las últimas visitas me ha contado cosas que no había contado a nadie, y ha hecho bromas bastante macabras que me han hecho bastante gracia. Supongo que empezaba a confiar en mí. Sus ideas de morir se fueron, pero volverán.  

Hoy ha sido ella quien me ha hecho sonreír, me ha hecho un regalo envuelto con un papel lleno de mariposas. Dice que me echará de menos. Gracias de verdad, yo también a ti, he aprendido muchas cosas.

Odias tanto los finales como yo. Nunca estarás bien, lo siento mucho.

No happy ending here. Nuestros caminos se separan aquí. Suerte.

jueves, 19 de mayo de 2011

ESE M. : TRASTORNO CONVERSIVO


A Ese M. la conocí casi de casualidad, la habían derivado al Dr. Díez, su psiquiatra, pero él me pidió a mí si yo podía quedarme con él durante la visita, dada la elevada complicidad del caso.
Ese M. entró a la consulta y se encontró que su psiquiatra era un tío con el pelo largo y la camiseta de Blind Guardian, y la psicóloga que le acompañaba era una tía con el pelo rojo y trenzas. Siempre pienso que debió pensar que estábamos peor que ella. Seguramente sea cierto.

Ese M. es una chica joven, casi ingeniera industrial, tuvo que abandonar debido a su enfermedad. Había sido diagnosticada de trastorno neurológico, síndrome coreiforme, Corea de Hungtington, epilepsia... pero los médicos  no encontraban ningún signo físico que apoyase sus propios diagnósticos ni encontraban ninguna pastilla que ofrecerle para calmar su mal. Así que ocurrió lo que siempre ocurre en estos casos: La enviaron a psiquiatría. Por esta vez, tuvieron razón, la cosa era un demonio de la cabeza que atacaba el cuerpo y parecía solucionarse con dos nuevos amigos: Pregabalina y clonazepam.

Al principio Ese M. era reticente a aceptarme como amiga a mí también. Durante los últimos años los médicos le habían dicho que tenía una enfermedad física y genética, así que no entendía por qué estaba hablando con un psiquiatra y por qué necesitaba además un psicólogo. La convencí con aquello de "Creo que puedo hacer algo por ti pero no te voy a obligar". Psicología inversa barata que funcionó, a pesar de su alto nivel intelectual, que yo descubriría más tarde.

El problema de Ese M. es que no tolera la incertidumbre y quiere que todo sea como ella quiere que sea. Sí, eso nos pasa a muchos. Sin embargo, ella llega a un extremo que reprime todas sus emociones, pues dejarte llevar por las emociones es exponerte a daño y a la pérdida de control más absoluta. El problema es que el ser humano es el peor recipiente para guardar emociones de manera segura. Y las emociones siempre salen lo quieras o no, en forma de lágrimas, risas, taquicardia, lo que sea. Pues bien, las emociones se expresan en Ese M. en forma de ataques de dolor, parálisis en las piernas o movimientos bruscos que le impiden caminar y hablar. Dura unos cuantos minutos y luego vuelve a su estado normal. Pero los de su alrededor flipan.

Parece que si tienes un trastorno mental eres raro, pero si tienes un trastorno mental raro, ya eres el raro entre los raros. Es otro nivel. La misma Ese M. se quedó de piedra cuando yo le dije cuál era su diagnóstico y en qué consistía. Me dijo que ella tenía que ser friki hasta para eso. Me ponía nerviosa a veces, por ser más inteligente que yo, y tener que estar yo muy despierta cada vez que nos veíamos. Me subió la autoestima cuando su vida fue convirtiéndose en una vida más vivible, y cuando me dijo que yo podía comprender lo que le pasaba perfectamente, cuando en realidad no lo comprendo en absoluto.

No opina lo mismo de su psiquiatra el Dr Díez. Es realmente gracioso cuando comienza a despotricar sobre él, aun sabiendo que es mi compañero y que me podría chivar en cualquier momento, de no ser porque no me habla. Me dice que el Dr Díez le suelta frases estándar, que su lema es "si quieres, puedes", y que eso a ella le repatea porque ella no quiere caerse al suelo y no poder caminar por la puta ansiedad. Eso dice. Yo le hablo bien de Omar cuando amenaza con cambiar de terapeuta, eso es lo que siempre se hace, pero en este caso, ella no se puede imaginar el nulo porcentaje de protocolo que hay en mis frases ni lo poco que le conviene en realidad ese cambio.

Pero Ese M. tiene un problema más grande que sus crisis y su psiquiatra supuestamente poco comprensivo: su madre. Ese M. estaba viviendo sola, había conseguido el trato mínimo con su progenitora, trabajaba, se ocupaba de sí misma, no tenía crisis, estaba bajando la medicación... Pero hoy me ha contado que ha tenido que volver a casa, porque se ha quedado sin trabajo, y vuelve a estar con su madre, la cual, a su vez, quiere echarla de casa. Hacía tiempo que no estaba triste.

No happy ending here. Nuestros caminos se separan aquí. Suerte.

lunes, 16 de mayo de 2011

ERRE R. : TRASTORNO HISTRIÓNICO DE LA PERSONALIDAD



A Erre R. la conocí cuando fue expulsada del grupo terapéutico para trastorno por pánico con agorafobia. Por lo visto, boicoteaba las explicaciones del psicólogo, se llevaba mal con los compañeros, monopolizaba las conversaciones, se tiraba al suelo diciendo que no podía respirar, y en definitiva, no paraba de mentir, una vieja afición suya que parece no mejorar con los años de práctica.

Erre R. es la típica madre teatrera y llorona que dice que lo haría todo por ti y se lo cree, aunque los hechos hagan llegar a la conclusión opuesta.  Es la típica vecina bruja que no quieres encontrarte en el ascensor porque siempre tiene una queja sobre ti. Es la típica amiga a la que siempre que le cuentas un problema, ella tiene otro peor y más emocionante. Es la típica pareja que te monta pollos cuando no le das lo que quiere. Es la típica persona que es capaz de inventarse hasta un infarto agudo de miocardio con tal de ser el centro de atención. Es el típico ser que no le cae bien ni al perro.

Erre R. es todas esas cosas y por eso sólo la escuchan a cambio de dinero. O quizás ni eso. Erre R. no quiere que su vida sea infeliz pero es incapaz de saber dónde está su problema: la búsqueda de atención insaciable, el saber que no eres el centro del mundo y no poder soportarlo.

Por norma general, las personas con trastorno de personalidad, especialmente del grupo B (antisociales, narcisistas, límites e histriónicos), son rechazadas en salud mental, primero por ser como son y segundo por no tener conciencia de ser como son.
Desde mi punto de vista, ese es el mayor drama de Erre R., que no se entera de que el Mal no está fuera de ella, de que si el 100% de la población te abandona, no es producto del azar, de que si no te habla ni el frutero, igual el ser maligno eres tu. No todos los histriónicos son así, pero ella en concreto es un caso de esos que se diría "de manual".

A pesar de su mal pronóstico, intenté explicarle un concepto del diccionario que no conocía: Empatía. Pero ella a cambio me dijo que yo no la entendía. En este punto acepté que no había camino posible hacia ninguna parte, y que al final de la vida, las dos estaríamos igual de solas.

Después de tantas visitas con cero éxitos e infinitas mentiras, decidí no darle el alta para sentirme menos fracasada.

No happy ending here. Nuestros caminos se separan aquí. Suerte.

domingo, 15 de mayo de 2011

ESE F. : TRASTORNO DE ANSIEDAD GENERALIZADA

A Ese F. la conocí en el grupo terapéutico para trastorno obsesivo compulsivo de la personalidad. Yo misma la diagnostiqué, porque olía a perfume caro y las cosas le iban bien desde siempre. Pero el tiempo mostró que era demasiado impulsiva y demasiado poco perfeccionista para ser diagnosticada de ello.

Ese F. no es una ansiosa de esas que tienen crisis de ansiedad espectaculares, ni de esas que tiene que ir siempre con el diazepam en el bolso por si se le dispara el corazón. Ese F. sufre otro tipo de ansiedad, la ansiedad cognitiva, la que no se ve.

Como todas las personas con ansiedad generalizada, Ese F. tiene preocupaciones patológicas, no relacionadas con grandes catástrofes, sino con una visión del mundo cotidiano como algo extremadamente peligroso. Ese F. es la típica persona que sufre por todo constantemente y sin control, que siempre piensa en lo peor, y que cuando no es una cosa, es otra, y no puede parar su cabeza, que no para de centrifugar todo el día, sin llegar a una conclusión, sin llegar a explotar ni relajarse nunca. La típica persona que no te quieres cruzar por la calle porque te pone la cabeza a mil por hora.

Visto así parece un trastorno light, la típica madre coñazo que no te deja saltar en el sofá por si te abres la cabeza o no te deja ir solo por el Corte Inglés por si te secuestran, pero las consecuencias de ser tan preocupadizo no son tan lights. Insomnio crónico, rigidez muscular, dolor, fatiga, gran falta de concentración y memoria... Pequeñas cosas tolerables una o dos semanas y no más.

La buena noticia es que si no tienes un trastorno de personalidad, vas a pensar con más facilidad que puedes cambiar y solucionar tu problema. Y la suerte es que tu psicólogo también pensará lo mismo. Ese F. enseguida respondió a la terapia, fue uno de los síntomas para saber que no tenía eso de lo que había sido diagnosticada.

En las visitas individuales intentaba estar atenta y captar todos los mensajes. Yo estaba convencida de que su vida sería mejor si dejaba a su marido alcohólico. Pero no podía decírselo, ella me decía que estaba enamorada, así que esperé a que me dijera lo contrario, para luego soltarle un "eres tú quien ha de pensar lo que es mejor". Y a las 2 semanas lo había dejado. Como era de esperar, su vida mejoró, ya no estaba tan nerviosa, ni tenía tantos problemas económicos, ni tenía que soportar los gritos de ese tío que cuando ella se fue, se puso en tratamiento en un centro para toxicómanos, para demostrarle que podía ser otro.

Y ella le creyó, pero no volvió a su casa. Chica lista, no cayó en ese chantaje barato. Ahora mismo Ese F. sigue viviendo en otro lugar, sin su marido, esa fuente de problemas. Los meses fueron pasando y todo iba a mejor, estábamos a punto de darle el alta, cuando de repente vino con 2 o 3 kg de más y me dijo que estaba comiendo de manera exagerada y compulsiva, y que luego vomitaba, todos los días. Esofagitis crónica, úlcera en el estómago y diagnosticada como celíaca.

La primera pauta para una bulímica es que está prohibido tener alimentos prohibidos. La primera pauta para un celíaco es que todo lo que tiene gluten está prohibido. Así que cuando sube la ansiedad, se ceba de alimentos con gluten y luego los vomita, matándose mucho más rápido que cualquier otra bulímica del montón.

No happy ending here. Nuestros caminos se separan aquí. Suerte.

jueves, 12 de mayo de 2011

JOTA T. : TRASTORNO DEPRESIVO MAYOR


 A Jota T. la conocí porque la derivó su psiquiatra, el Dr. Díez. Al parecer, los antidepresivos no eran suficiente y la depresión que sufría desde hacía meses la había llevado a tomarse la caja entera para desaparecer del mapa. Así, de un día para el otro, sin avisar, actuando de manera impulsiva, en contra de su personalidad reflexiva, que yo conocería más tarde.

Omar y yo siempre hemos tenido una empatía especial con Jota T., supongo que porque los dos vemos a una mujer de la edad de nuestra madre, que en parte sufre por tener una hija como podríamos ser Omar o yo: unos malos hijos. Como si Omar y yo nos sintiéramos menos malos hijos intentando ayudarla. Algo así.

Por otro lado, es normal que cualquier persona sienta empatía por ella, porque cualquiera de nosotros podría estar en su lugar.

Jota T. es alguien a quien un buen día todos los palos le vinieron juntos: Infidelidad por parte de su pareja, mala relación con su hija (que la culpaba de lo primero) y muerte de su madre (único apoyo en ese momento).  
A partir de entonces, ella intentó una vida nueva, en una casa nueva, en un trabajo nuevo. A veces luchar por salir del pozo te mete más en él, cuando te das cuenta de que por más que lo intentes, no estás bien, no estás contento, no disfrutas con las cosas que antes te encantaban, no eres el mismo y no tienes ganas de nada. Es entonces cuando la persona, en este caso Jota T.,  se rinde y se deja deslizar sin importarle demasiado cómo puede acabar con esas lágrimas que no calman a nadie. Porque los deprimidos lloran así, sin desahogarse, lloran sin parar, estarían todo el día llorando y no se sentirían ni un poco mejor. Es entonces cuando Jota T. empezó con los problemas de insomnio, dejó de comer, dejó de salir y dejó cualquier actividad anterior. Es entonces cuando su vulnerabilidad alcanzó el límite y lo único que le preocupaba era encontrar la manera eficaz de desaparecer. Eso es estar deprimido, deprimido como trastorno psiquiátrico, porque últimamente la gente usa la expresión “estoy deprimido” con una ligereza pasmosa. Al menos, eso hago yo.

La primera vez que la vi, Jota T. había perdido muchos kilos en poco tiempo y su fragilidad era evidente. Ella trataba de convencerme de que era una persona alegre, risueña y muy activa, mientras yo observaba a una persona triste, seria y apática. Durante muchos días, sólo hablamos de sus ganas de morir. Yo intentaba convencerla de que su apatía se quitaba volviendo a las actividades que antes le gustaban, que su cansancio se quitaba cansándose, que su vida merecía ser vivida. Y sorprendentemente, le estaba siendo sincera en esto último.

Tardé en convencerla, pero al final parece que estaba aburrida de ese pozo lleno de oscuridad y fluoxetina. Y dejó de intentar matarse para intentar vivir.

Últimamente ha aparecido una sonrisa en su cara, y ella tenía razón, es una persona risueña y alegre. Parece que está mejor, parece que tiene ilusión. Sin embargo, hoy he visto en sus ojos las lágrimas de meses anteriores, cuando al preguntar por su hija y sus amigos, me ha contestado angustiada que ellos le han ayudado a salir de ahí y que ahora que está mejor, la han vuelto a dejar de lado, han vuelto a sus vidas, han dejado de llamarla, y la han dejado otra vez en casa por semana santa, yéndose de viaje sin ella.  (¿Por qué la gente pasa de ti cuando creen que estás mejor?).

No happy ending here. Nuestros caminos se separan aquí. Suerte.

miércoles, 4 de mayo de 2011

ELE R. : TRASTORNO OBSESIVO COMPULSIVO


A Ele R. la conocí porque la derivó su psiquiatra, quien había diagnosticado en ella un trastorno obsesivo compulsivo grave, de larga evolución, contando un ingreso, a su corta edad, por la elevada limitación.

Llevaba unos meses en tratamiento psicológico por la privada y le funcionaba muy bien, pero no podía seguir pagando. Es difícil que tu nuevo psicólogo te caiga bien, cuando el otro ya te caía bastante bien, y normalmente la gente es reticente a explicar las cosas una y otra vez. Normal. Pero se portó bien conmigo, siempre me explicó todo sin barreras, con una sonrisa. Y así es como dejó que yo también pudiera conocerla.

Ele R. es una chica guapa, delgada, dulce y risueña. Cuyo principal enemigo es ella misma. Ele R. tiene una idea, una idea muy potente que no la deja vivir. Ni de día, ni de noche, ni en los momentos felices, ni en los tristes. Ele R. cree que su cara es horrible, tan horrible y deforme que se le hace necesario no salir a la calle, o taparse, porque piensa que todos la miran.

Esos pensamientos le vienen a la cabeza a todas horas, de manera automática, y aunque ella sabe de sobras que son absurdos, que su cara no está deformada, porque se lo dice todo el mundo, no puede controlarlos, y eso le genera mucha ansiedad y tristeza.

Ele R. tiene lo que se conoce con el nombre de "obsesión". Un disparo del cerebro que le da por saturarse.

Algunas personas con TOC, a pesar de tener muchas obsesiones, no hacen nada para calmarlas, o lo hacen de manera sutil. Pero no es el caso de la mayoría de personas con TOC, que muy humanamente se empeñan en eliminar esos pensamientos tan dolorosos, con comportamientos repetitivos (compulsiones), en los que se dejan muchísimo tiempo y calidad de vida. Porque las obsesiones son como trenes, van y vienen con cierta frecuencia, y si intentas frenarlos, te chafan por completo.

En el caso de Ele R., su compulsión es mirarse al espejo durante horas, para asegurarse de que su cara no está deformada. Después intenta rascarse todo aquello que "sobresalga" de la piel. Ella dice que toca "relieves" y que quiere una piel lisa. Esa compulsión la hace estar más tranquila después de realizarla, pero todo el mundo sabe que si algo te relaja inmediatamente, te enganchas a ello. Y eso es lo que pasa con las compulsiones. Son pan para hoy, y hambre para mañana. Algo que en lugar de eliminar el problema, lo hace mucho más grande.

Su obsesión es tan grande en estos momentos, que su cerebro ha empezado a hacer trampas, y ella está viendo y escuchando cosas que no pertenecen a la realidad. Supongo que la Zyprexa solucionará eso. A pesar de todo, Ele R. ha progresado mucho desde que empezó con este problema, ahora puede salir a la calle de vez en cuando, y ha conseguido conocer a alguna persona, porque no tiene amigos, no se fía ni de Dios.  Sin embargo, ella asegura que se está construyendo su propia cárcel, y cada vez tiene más barrotes. Y dice que cuando mira al futuro, los barrotes no la dejan ver. No quiere seguir adelante, no así.

No happy ending here. Nuestros caminos se separan aquí. Suerte.

martes, 3 de mayo de 2011

JOTA M. : TRASTORNO DE PÁNICO CON AGORAFOBIA


A Jota M. le conocí en el grupo terapéutico de trastorno de pánico con agorafobia. A diferencia de los ansiosos que le rodeaban, Jota M. no hablaba a mil por hora, ni llenaba los silencios con cualquier cosa, ni se relacionaba con los demás.

Jota M. llegaba siempre tarde a propósito, se sentaba cerca de la puerta y permanecía allí sin decir ni hacer nada. Aunque bueno, lo de sentarse cerca de la puerta no es algo muy característico suyo, los agorafóbicos siempre tienden a sentarse cerca de las puertas, porque siempre están pensando en cómo escapar. Sin embargo, los demás siempre le dejaban ese lugar privilegiado a él, aunque siempre llegara tarde. Quizá por pena, quizá por miedo.

Como la mayoría de personas con trastorno de pánico, el mayor problema de Jota M. era el miedo al miedo. Miedo a tener una crisis de pánico, a sentir intenso terror. Supongo que no debe ser nada agradable notar cómo se agota el aire de tus pulmones y creer que en cualquier momento vas a morir, sin poder hacer absolutamente nada.

Por eso, la mayoría de personas con trastorno de pánico (crisis de ansiedad), acaban desarrollando una agorafobia, que consiste en evitar todo aquello que tú crees que puede ser un desencadenante de una crisis de pánico: aglomeraciones, supermercados, trenes, autobuses, restaurantes... Lógico y adaptativo, yo también lo haría. El problema es que acabas teniendo miedo hasta en tu propia casa y al final la agorafobia acaba siendo uno de los trastornos de ansiedad más incapacitantes que existen. Un verdugo que se te come con patatas.

Y en ese punto estaba él, encerrado en casa desde hacía años, sin poder ir a ningún sitio que no fuera la consulta,  y con toda una vida por delante que no quería aprovechar, o no podía.

Le fui acompañando a los sitios que le daban miedo, intentando convencerle de que la única manera de superar el miedo es enfrentándose a él y descubrir que el mundo no se acaba, en contra de lo que habías pronosticado. No le convencí de ello, sigue pensando que estoy loca por decirle que es una buena idea provocarse una crisis de pánico y comprobar que no te mueres, ni entrenándote. Pero después de años, consiguió salir a la calle e incluso apuntarse al gimnasio, a donde va tres veces por semana.

Y todo sería estupendo si la cosa quedara aquí. Redujo el café, el tabaco, el colesterol, y se está poniendo fuerte y guapo. Pero el cerebro de Jota M. está dañado. Porque todo esto no sucedió desde siempre, sucedió tras un accidente grave de tráfico y dos muertes importantes para él. Su cráneo se partió por dos sitios diferentes y nadie se explica por qué sobrevivió. El caso es que lo hizo, con estas secuelas. Y con la poca gracia de quedarse con un cerebro resistente a la medicación. Lo del accidente no me lo contó hasta hace poco, es otro miedo que quiere evitar.

Después de superar la agorafobia y el trastorno por pánico, la ansiedad se ensañó con él con múltiples somatizaciones. La ansiedad siempre se expresa. O la expresas tú, o se expresa ella, no hay salida buena. Y Jota M. es bastante alexitímico, que significa que le cuesta entender e identificar sus propias emociones, con lo cual no se le da bien eso de expresar la ansiedad voluntariamente y canalizarla. Colon irritable, sarpullidos, dolor torácico, contracturas musculares... Vamos, que dejó de estar encerrado en su casa para pasar a estar encerrado en urgencias, donde los médicos de medicina interna directamente le enviaban al psiquiatra de guardia, sin hacer demasiado caso de sus síntomas físicos.

Y así estamos,  hemos cambiado un miedo por otro, y ahora su diagnóstico ya no es trastorno de pánico con agorafobia, sino hipocondriasis. Miedo intenso a la posibilidad de tener enfermedades graves, hasta tal punto de volver a quedar muy limitado: dejar de comer, dejar de salir, no poder dormir.

No happy ending here. Nuestros caminos se separan aquí. Suerte.