domingo, 24 de abril de 2011

"FE ES NO QUERER SABER LA VERDAD"

A mí me gustaría ser tolerante con el tema de la religión, pero no puedo, es superior a mí, y por más que lo intente, no dejo de relacionar ser creyente con no tener muchas luces. Es automático, oye. Y que algunos seres de mi especie tengan como plan para Semana Santa clavarse a una cruz o arrastrarse de rodillas por todo su puto pueblo, no me ayuda a ver lo inteligentes que son en realidad, sobre todo cuando la alternativa a esas actividades es más que amplia, e incluye pecados bastante más apetecibles. En serio, evolucionad.



De mi cuerpo me despego y zarpo a otro mundo, dejando atrás, por fin, mi mente en ruinas.

Y te veo postrada ante mi cuerpo ensangrentado, mientras gritas: 
¡¿Por qué?!

– Porque el Altísimo sí existe, mamá, y juzga tus acciones antes de que las pienses siquiera. Si no le gustas cava tu fosa entre risas y te fuerza a entrar dentro hasta que pienses en lo que has hecho. Y yo he hecho algo que él no ve con buenos ojos.

Ya lo he pensado: Mi vida no merecía ser vivida y por eso, acabé antes de lo previsto. Demasiado llena de vacío. El Señor hace caso omiso, no existe su supuesta benevolencia, y no le sirve que arranque de cuajo algo como una vida, aunque esté podrida. Parece que el Cielo es sólo para los que aguantan. 

Maldito Padre estúpido, mira ahí abajo y verás cientos de personas consumiéndose en el sufrimiento.  Mira tu obra, que se quiebra por tu indiferencia, mientras te rezan y siguen teniendo lo que tú llamas "Fe".
Mira y dime si no se te cae tu divina cara de vergüenza, al llamar a este aborto de existencia “Creación” o “Regalo”.
Yo sí he vivido en la Tierra, y sé que, por bueno que sea, tu plan no vale la vida de tu hijo. Así que puedes metértelo por donde más te guste. 

Por eso, a las puertas del Paraíso me reafirmo y digo que seré más feliz en el Infierno, allí donde no hay vida. 



"Las religiones, como las luciérnagas,
necesitan oscuridad para brillar"

miércoles, 20 de abril de 2011

DEXTER MORGAN...


“Locura sin delirio”, así se llamó en la antigüedad al trastorno antisocial de la personalidad, haciendo referencia a una alteración grave del comportamiento sin otros signos de locura y con una inteligencia normal o superior a la media. En la tele este trastorno es más conocido como “psicopatía”. Porque mola más decir “eres un psicópata” que decir “eres un antisocial”. No te llenas tanto la boca.

Ser antisocial NO es comer pizza en tu habitación a oscuras, porque prefieres no relacionarte con otras personas, eso es ser asocial o esquizoide. Ser antisocial es otra cosa.
Ser antisocial es, por ejemplo, tener afición por matar a seres de tu misma especie, para después cortarlos en pedacitos, meterlos en bolsas de basura, tirarlos al mar, y luego irte de copas con tus compañeros, tan tranquilo. Nada que ver con comer pizza a solas, como he dicho.

Dexter Morgan hace precisamente eso, ser antisocial y tirar trocitos de sus congéneres por la borda de su barco. Por otra parte, es un policía forense modélico, un tipo reservado, meticuloso, trabajador, que lleva donuts para desayunar con sus compañeros cada mañana. Y es que los antisociales no siguen las normas, pero se las saben como el que más. Y eso es lo más peligroso: El psicópata es un especialista en captar las necesidades de los demás para luego hacerles ver que él es el único que puede satisfacerlas. Para así manipular a su antojo, como si fueran marionetas que se creen libres. Eso facilita que los psicópatas estén integrados en la sociedad, que caigan bien, que sean encantadores, que sea interesante y ameno mantener una conversación con ellos y, en definitiva, que sean queridos y aceptados por el resto y que lleven vidas aparentemente normales. Por eso, nadie sabe el secreto de Dexter: que es un asesino en serie.

Y nadie debe saberlo. Por ello Dexter procura fingir todo lo que puede y más: Trabajar, cuidar de los niños, ser amable, sonreír, comportarse como un buen hermano.
Quizá la única persona que podría descubrir este secreto sería Rita, su novia, ya que es en el terreno afectivo donde los psicópatas tienen más dificultades a la hora de fingir, pues tienen incapacidad para amar, y es difícil fingir amor. Pero Rita es una ansiosa del montón que sólo se centra en preocupaciones banales y cotidianas, y enseguida se le cae la ropa con cualquier frase estándar bonita. Dexter es un gran mentiroso que vive en otro nivel y ella nunca podrá alcanzarle. O eso creo yo.

Además, Dexter es muy bueno en su alter – ego, ya que tiene un radar perfecto para detectar a seres como él, poder predecir su comportamiento y pillar a los malos con mucha más eficiencia que todo el equipo de policía junto. Por otro lado, cuando no tienes sentimientos, tu análisis de la sociedad está poco contaminado por emociones y puedes ver cosas que otros no ven. Todo tiene sus ventajas, hasta ser un serial killer.

También, como todo antisocial de pro, Dexter tiene necesidades poco habituales, en este caso la sangre, y para satisfacer esa necesidad posee un código.
El “código” de los antisociales es un conjunto de normas propias muy rígidas, que necesitan para sobrevivir, en ausencia de otras normas sociales que rechazan. Cada psicópata tiene su código personal, un filtro que guía sus pensamientos y su patrón de comportamiento, lleno de rituales y símbolos. Si entras en el código de un psicópata como persona aceptada, será difícil que ese psicópata te rechace y te traicione. Puede ser que te parezca un gran amigo fiel y honesto. Si no entras, mejor salir corriendo en cuanto puedas.
En el caso de Dexter, el código se basa en matar a otros asesinos, nunca a alguien que no haya cometido homicidio alguno. Y los asesinatos siempre son llevados a cabo con la misma camiseta, el mismo plástico de envolver el embutido, y el mismo descuartizamiento posterior de sus víctimas. Como trofeo, una gotita de sangre de cada víctima.
Los antisociales nunca se sienten culpables ni tienen remordimientos por sus actos, y sólo hay una excepción: cuando rompen su propio código, sus propias normas. Eso sí les hace sentir culpables, y les hace perder su bien más preciado: la sensación de control. Para todo lo demás, el código es la autojustificación perfecta para sentirse bien incluso viendo cómo se desangra un adorable gatito.

En teoría, los antisociales nunca se dan cuenta de que lo son, por su falta de empatía y sus autojustificaciones. Las cosas que hacen no son vistas con malos ojos por ellos mismos, porque entran dentro del propio código, aunque los demás pondrían el grito en el cielo si lo supieran. Sin embargo, no es el caso de Dexter, que muestra cierto insight o conciencia de problema, cuando se dice a sí mismo que lleva un monstruo en su interior, al que llama “oscuro pasajero” y al que tiene que contener bajo un disfraz, para que los demás no lo puedan ver. Este es el único factor de buen pronóstico de Dexter, pero parece que es bastante fuerte a la hora de tolerar la carga que supone ocultar ser un monstruo, así que seguirá matando, para alegría de todos los que seguimos la serie (sería decepcionante que al final se rehabilitara y acabara llorando por todos sus errores, como los malotes maleducados que salen en el programa "Hermano Mayor").

Según los psicópatas, el mundo se divide en dos: los que ganan y los que pierden. Yo diría que el mundo se divide entre los que han visto Dexter y los que no.

=)

"Si tuviera corazón,
se estaría rompiendo
en este mismo momento"

viernes, 15 de abril de 2011

SMILE...


Smile...

without a reason why


Ayer alguien que no tiene dinero ni para comer (como los niños de África pero viviendo en Barcelona) me dijo que quería hacerme un regalo pero no podía comprarme nada.


Love...

as if you were a child

(...)


Trajo su guitarra a un sitio donde no entran instrumentos musicales y me pidió si podía regalarme una canción.

Keep...
the laughter in your eyes,
soon, your long awaited prize
Well, forget about our sorrow
And think about a brighter day
'cause life is beautiful that way.


Yo no pude negarme, aunque no fuera el protocolo. Y me cantó la canción que se oye en "La vida es bella", con una voz preciosa, porque dijo que le recordaba a mí, y quería que yo recordara lo que le había enseñado: que la vida es bonita cuando la aceptamos tal cual es. ¿Yo te he enseñado eso? (Pensé por dentro).

Cuando estudiaba estuve a punto de dejarlo mil y una veces, también continua habiendo días (y semanas) que no sirvo ni siquiera para lo que más me gusta hacer.

Pero otros días cambio de opinión, y pienso que he escogido la actividad adecuada, y que el número de días que me dedique a ella no la va a convertir en rutina ni en algo que me acabe desagradando, aunque a veces piense que sí, como Mariona.

Y que no hay dinero en el mundo que pueda comprar eso.

Smile...

wihout a reason why


=)

domingo, 10 de abril de 2011

DONDE NUNCA PASA NADA


Ayer me invadieron unos insectos insignificantes que han destruido lo que no tocaba. Ha sido como un incendio pero yo he visto cómo ardía todo. Mi habitación está tan vacía como yo.

Antes miraba al futuro pero no veía nada, y por eso me convertí en esto, una experta del último minuto. Que suena bonito pero llega a ser perjudicial, como cualquier abuso.

Creía y me creo que he encontrado la fórmula mágica, hacer lo que quiera cuando quiera, eludir responsabilidades, postergar obligaciones, escapar de compromisos, quemar cartuchos, etc.

Pero si haces eso cada día, conviertes todo lo que tocas en recompensas a corto plazo que se agotan antes de que tú te enteres, y entonces tienes que buscar otro juguete. Ya lo decía Javi, si vives cada día como si fuera el último, al día siguiente estás cansado.

Y eso es lo que hago, me canso. Me canso rápido, además. Por ese motivo Omar se esforzó en grabarme CDs rápidamente, el mismo día que se dio cuenta de que las personas desaparecían pero yo conservaba su música. Pues sí. No me gusta tirar regalos.

Si tuviera un genio de la lámpara mágica le pediría no cansarme de nuevo.

miércoles, 6 de abril de 2011

IT'S A KIND OF MAGIC!


Esto que voy a hacer es un sacrilegio, una blasfemia...Voy a hablar de dos cosas de las que no tendo ni p. idea. Para que no haya sorpresas...


Tengo un papelito, bueno, unos señores tienen un papelito mío, donde pone que soy licenciada en medicina del alma (jeje, ¡qué chispa tengo!).
Ya he dicho otras veces que gracias a ese papelito se da por hecho que sé algunos conceptos básicos e importantísimos que en realidad no sé. Al menos, no todos, tampoco voy a ser dramática (así voy variando).

Menos mal que existe la Wikipedia fauna que te hace aprender esos conceptos que aparecen en los libros, y que es tan difícil comprender cuando estás tirado en el césped todo el día dentro de esas cuatro paredes de la facultad cuando te los empollas junto a otros 494832 conceptos más.

El pasado mes de marzo tuve la oportunidad de acompañar a mi novio al GP de Magic. Porque él no me lleva a ver el fútbol, me lleva a torneos de Magic. Magic es un juego de cartas/estrategia que se hizo muy famoso un tiempo, pero luego desapareció de mi vida hasta ahora. Seguro que los jugadores de Magic me tirarían piedras y me atarían a un palo para ver cómo ardo tras la definición que acabo de hacer.

En el GP de Magic observé a un montón de fauna (y también flora, creo) gracias a la cual empecé a entender el concepto de "locus de control", tan famoso entre los psicólogos por contener un vocablo latino, supongo, porque eso les hace parecer guays.

El locus de control es un rasgo de personalidad que hace referencia al grado de control que tú crees que tienes sobre las cosas que te pasan. Existen dos polos del mismo rasgo: el locus de control externo y el locus de control interno.

La persona que tiene un locus de control externo tiene tendencia a pensar que los resultados que obtiene, las cosas que le pasan, las situaciones que vive, provienen del exterior: azar, suerte, destino, condiciones atmosféricas, la madre que le parió, etc.

Por el contrario, la persona con locus de control interno, tiende a creer que los resultados que obtiene son causa única y directa de su comportamiento.

Así, en el caso del juego, un jugador con locus de control externo, cuando pierda tenderá a pensar que ha sido porque ha robado mal, porque no ha tenido suerte con los dados, porque ese día llovía y llegó tarde y nervioso, porque el árbitro le tenía manía, o porque el otro jugador ha hecho trampas. Es decir, se dedicará a buscar motivos externos de su fracaso, y se quedará tan ancho.

Por otro lado, el jugador con locus de control interno, cuando pierda pensará que se debe a que ha jugado muy mal, o a que es un mal jugador, o a que ha cometido muchos errores que estaba en su mano remediar y ahora ya es tarde.

Está claro cuál de los dos querría ser yo, si consiguiera creerme que ha sido culpa del azar y la mala suerte.

¿Pero qué pasa con los éxitos?

Siguiendo la teoría, deberíamos pensar que el jugador con locus de control externo, cuando gane, atribuirá su éxito a la suerte y el azar, mientras que el jugador con locus de control interno lo atribuirá a sus habilidades y capacidades.

PUES NO. Porque los humanos no son tan simples, al menos, los que juegan a Magic.

Lo que ocurre es justo lo contrario. Los jugadores con locus de control interno tienden a atribuir sus victorias a que el otro ha jugado peor, a que han robado bien, a que el oponente era malo, a que ese día estaba jugando bien (atribuciones externas) Mientras que los jugadores con locus de control externo tienen a atribuir sus éxitos a su capacidad para jugar bien (atribuciones internas).

Después de esto, se puede pensar claramente que los jugadores con locus de control interno son bastante desgraciados, y los estudios sobre depresión así lo indican. Porque los jugadores con locus de control externo vuelven a casa tranquilos tanto si ganan como si no, en todo caso, un poco rabiosos por la mala suerte, si pierden. Mientras que si tienes un locus de control interno, siempre te vas a casa pensando que lo podrías haber hecho mejor, a no ser que hayas quedado el nº1. Además, si te culpas por la mayoría de tus fracasos pero no valoras tu capacidad para la victoria, está claro que estás jodido. No hay que ser ni psicólogo ni inteligente para darse cuenta.

Pero no todo son desventajas para el pobre jugador que se fustiga y quiere desaparecer del mundo cuando pierde "por su culpa". La ventaja de este tipo de jugador es que interiorizar la responsabilidad dentro de uno mismo siempre fue positivo para el cambio. Es decir, si no se corta las venas por el camino, si aguanta la frustración de sentirse un mal jugador, acabará mejorando, probablemente mucho más que el jugador que atribuye sus fracasos al azar. Porque no se puede negar que el jugador con locus de control interno tiene un radar para los propios errores que está magnificado, y eso lo convierte en un radar casi perfecto. Mientras tanto, el jugador con locus de control externo, ni se percatará de los errores que ha cometido, y no entrenará para mejorarlos, estando más condenado a repetirlos. De hecho, puede que también se deprima, cuando vea que por mucho que juegue, siempre acaba teniendo mala suerte.

Por supuesto, esto no es una verdad absoluta, es sólo una observación. Quedan más dudas pendientes y más observaciones, a resolver en próximos torneos, especialmente la gran pregunta: ¿Puede alguien ser un buen jugador competitivo sin caer en el juego patológico y la enfermedad mental?

Chan chan !