viernes, 28 de enero de 2011

HORMIGUITAS ODIOSAS QUE NO MERECEN LA VIDA


Con lo histriónica que soy tengo que mencionar el tema pir y hacer un parte médico, no puedo estar callada: No puedo tener más cafeína en la sangre ni más somatizaciones en la piel. Yo estaba tan tranquila sin ansiedad anticipatoria, pero ya se sabe qué pasa con los postergadores por naturaleza, los especialistas del último minuto, las cigarras…Todo el mundo sabe que las cigarras se lo pasan muy bien y se ríen mucho a costa de las hormiguitas (“estudias los viernes? Pero si los viernes son el Día del Señor! Tonta!”), pero luego se encuentran los peligros de cara y gritan entre sollozos: Oh, hormiguita!! Quiero ser como tú!! A partir de ahora estudiaré cada día, a Dios pongo por testigo!

Esto del PIR se parece bastante al laberinto de Horta. Muy bonito por fuera, pero cuanto más te adentras en él, más perdido estás. Al menos mañana se producirá una "pausa post-refuerzo" (retirada de estímulo aversivo --> examen) y yo volveré a mi vida de cigarra que quiere ser hormiguita pero no le sale, porque esto de estudiar es muy duro, oye, yo no estoy preparada para la vida moderna.

Noia de rosa y chicaquesesabeelDSMdememoria, que haya queso al final del laberinto! Y mucha SUERTE! Que la váis a necesitar mucho con una competencia como yo (tranquilas, es mentira).

¡...CORRE, VE Y DILE...!

Cuanto más conozco a los hombres...

Dicen los psicólogos que solemos tener la tendencia a tratar a los demás como miembros de un grupo y no como seres individuales. Esto implica que a la hora de realizar un juicio sobre alguien, lo incluiremos dentro de un grupo mentalmente, y nos ayudaremos de los atributos de dicho grupo para formarnos una imagen de la persona. 

Hasta aquí todo bien, ese proceso es un atajo que nos facilita mucho la tarea de conocer a cualquier ser humano al azar, complejo y único por definición. No tenemos tanto tiempo para pararnos a conocer en profundidad a todas y cada una de las personas con las que nos cruzamos. Así que este atajo nos sirve para tener la ilusión de que conocemos nuestro medio y así sentirnos más tranquilos.

Si esa inclusión en los grupos (categorización) siguiera un proceso lento y reflexivo, nos ahorraríamos muchos malentendidos, el problema es que como hemos dicho, es un atajo, y como tal, rápido. Nos alimentamos de prejuicios, prejuicios que utilizamos para aumentar nuestra sensación de control.

Mierda, estoy hablando como un psicólogo. Un psicólogo barato además.

Por ejemplo, supongamos que yo no conozco a X pero sé que se ha liado con el amigo de su novio. Si pienso que X es una mala persona por haber realizado un comportamiento negativo, estoy metiendo a X en el grupo de “las malas personas”, y a partir de una única característica, le atribuyo todas las demás de ese grupo, cometiendo claramente un error de categorización, porque como hemos dicho antes, no tenemos tanto tiempo para conocer a todo el mundo en profundidad, es decir, no he tenido tiempo para poder saber con más seguridad y probabilidad de acierto, si X forma parte del club “malas personas”, pero yo la crucifico desde ya, porque me interesa reducir mi ansiedad. 

En principio, todo este proceso se lo guisa y se lo come la persona solita que se forma las impresiones/imágenes sobre X, pero esa persona solita está inmersa en una red social (no, no me refiero al facebook) de la que no puede escapar, y su círculo más directo de relaciones sociales influye a la hora de construir significados, vamos, que sus amigos intentarán comerle la cabeza y lo que no es la cabeza también (pero ése es otro tema que no tiene nada que ver ahora).

Parece que a una persona solita no se le da bien esto de crearse imágenes de los demás, ya hemos visto que la caga bastante. Por eso, a lo mejor alguien piensa que con la ayuda de más personas, podrá montarse una imagen más adecuada de la “realidad”. ¿Ayuda? Pues no. No es lo que pasa, y no sólo no ayudan, sino que desayudan. 

El resto de personas se encarga de meter más mierda: "Se lió con el amigo de su novio? Qué puta! si es que las rubias son lo peor, oye! hay que tener un cuidado!"
Es aquí cuando entran en juego los rumores, otro mal necesario, como dice Sergestus.
La palabra “rumor” viene del latín, significa “ruido confuso de voces”. No lo sé porque sea muy culta sino porque lo he buscado en la wikipedia, a la cual soy adicta. Son creencias que se transmiten de persona a persona sin tener una base demostrable. 

El mecanismo de creación y difusión de un rumor, es similar a lo anterior, con la diferencia de que es algo grupal, más pro (necesitas habilidades sociales para construir un mismo significado entre varias personas sin que te rechacen por ser demasiado extremista, por ejemplo), a gran escala, con ralladas mentales masivas y compartidas. Una fiesta, vamos. De lo mejorcito del ser humano.

Lo que necesita un rumor para crearse es, nuevamente, incertidumbre e inseguridad. Cuando aparece una situación que genera esas sensaciones, es necesario buscar una explicación, para reducir la tensión relacionada con la ambigüedad.
En general, todos funcionamos de esta manera, pero son las personas más ansiosas las que tienen más necesidad de crear, transmitir películas y hablar sin conocer, porque son ellas las que antes buscan escapar de su propia inseguridad y malestar asociado. 

Y como ahora ya no se trata de una persona sola sino de algo grupal, los rumores satisfacen ciertas necesidades relacionadas con lo social: 

- Necesidad de afiliación: Si compartimos que X es una mala persona y la ponemos a parir entre todos, generando chistes individualizados, etc., hacemos amigos, y eso nos mola un montón porque no nos gusta estar solos.

- Necesidad catártica: Ya hemos dicho que son las personas más ansiosas las que más necesitan montarse películas y difundirlas, y les viene muy bien para calmar su ansiedad y su agresividad, con el extra de que serán aceptadas por la opinión de mayoría (obviamente, no será el caso de X, que a estas alturas estará llorando en su casa y formándose sus propios prejuicios, por ejemplo, acerca de lo malvados que son los humanos, sin excepción, y lo fácil que resulta relacionarse con gatos). 

- Necesidad de excitación estética: El marujeo de toda la vida. Nos gusta, nos entretenemos, lo negativo siempre da morbo y es guay.

- Necesidad de justificación: Si los prejuicios, los rumores, las impresiones y las imágenes se quedaran sólo en eso, quizá nos ahorraríamos mucho daño entre nosotros, pero no somos ángeles caídos del cielo, así que creamos los prejuicios y los rumores para luego utilizarlos, como un asesino cuando afila su cuchillo. Por eso, la necesidad de justificarnos es la más peligrosa de todo este juego. Es la que nos lleva de los pensamientos a los actos, permitiéndonos el lujo de mostrarnos agresivos (necesidad de expresar ira y calmar la ansiedad) ante una situación sobre la que no tenemos ni puta idea, se ha contado de persona a persona y nos la hemos comido con patatas yendo por atajos. Es posible que entonces, sin conocer a X y sin mediar palabra con ella, le montemos un pollo en pro de la justicia, sin pensar en sus sentimientos, y no sólo sin pensar en ellos, sino sintiéndonos tranquilos de haber hecho algo plenamente justificado, olvidándonos de la gran carencia de datos que tenemos, que grita mucho, pero no podemos oír nada, debido al ruido confuso de voces

Moraleja: Cuidado con los atajos. 

martes, 25 de enero de 2011

LOS AMANTES DEL CÍRCULO POLAR

Otto quería morirse y yo iba con él. Era el último trozo de esperanza de la caja de bombones de Forrest Gump, me refiero al último trozo sin caducar. Lo que me podía salvar de mí misma, aunque sea un error, aunque sea egoísta. Ya no quedan casualidades buenas, es culpa mía, las gasté muy pronto. La manía de vivir siempre deprisa y hacerlo todo mal. Pero esto lo tenía claro: no quería vivir sin él, ya no tenía sentido iniciar una nueva vida. Otro círculo...¿para qué? Ya había encontrado el sitio en el que quería estar y no quería que él me abandonara por nada del mundo, aunque no nos conociéramos todavía.

Yo no quería vivir en ningún sitio. Necesitaba abrazarle por lo menos una vez. Quería pedirle que no me dejara sola y a ser posible, que se enamorara de mí. Yo estaba tan enamorada que el hecho de que Otto fuera un marciano me parecía que era por culpa del amor. Estuve pendiente de él toda la noche y toda la mañana, hasta que despertó de un profundo sueño, apareciendo sin querer en este mundo otra vez. Sentí que algo conocido se había metido dentro de lo desconocido, había llegado al fin de algún sitio. Tuve un pálpito, fue el primero de muchos.

Antes de que pudiera escapar, le dije: Otto, no te mueras, házme ese favor. Él me respondió no muy amablemente que le daba exactamente igual lo que quisiera yo. No esperaba menos de él, aunque su sonrisa era tan dulce que derrumbó todos mis prejuicios. Me dio un vuelco la vida, seguramente el más grande que mi cárcel permite.

Está bien, voy a quedarme aquí todo el tiempo que haga falta, ya no puedo hacer otra cosa que no sea ésa, quiero aprovechar cada momento que pueda cerca de ti. 
Así que pasé mucho tiempo sentada a su lado. Un rato al día. Todos los días por la tarde. Me escribió una nota, la primera, demasiado bonita para la letra de un niño.

Empezaba este frío y dicen que cuando hace frío la mayoría de las cosas van más deprisa, o llegan antes, pero a mí se me hizo eterna la espera hasta acariciarle. Por suerte, me di cuenta después de hacerlo y no antes, como suele ser la secuencia habitual. Debía ser miedo.

Y sí, sólo quería abrazarle una vez pero me volví avariciosa, no lo puso fácil, él abre la puerta de un mundo donde todo es posible, incluso ser feliz. Nadie tiene un corazón como el de Otto, yo tampoco.

Sin embargo, todo nace y muere, así es la vida, implacable, alegre y triste. Todo caduca con el tiempo. El amor también. La gasolina del coche, por ejemplo, si olvidas que se va a acabar te dejará tirado en medio del camino. No quiero olvidarme de eso, quiero cuidarle, quiero quedarme en medio del camino con él, otra vez, sin perderle de vista gracias a un chaleco naranja. Lo que he recibido siempre ha sido un extra, un regalo, no puedo pedir nada más, no puedo tocarle lo más mínimo, no quiero colaborar, no quiero meter ni siquiera la punta de mis dedos y arriesgarme a destruir algo precioso. Yo te voy a querer siempre, si se acaba la gasolina, me muero.


Esta noche te espero mirando al sol, 
                                                                                                        ¡venga valiente, salta por la ventana!


lunes, 24 de enero de 2011

"CÓMO VA A SER EL MEJOR COCHE DEL AÑO SI ESTAMOS EN ENERO..."

Otros planetas de cristal
El termómetro marca 1 grado bajo cero. Las farolas de la calle se confunden con chupa chups gigantes iluminados, y yo pienso: ¿a quién se le ocurre pasear al perro a las 12  de la noche de un domingo de enero? 

Pero se está tranquilo. Las luces de las casas están encendidas, la mayoría seguro que está invirtiendo horas de sueño en algún programa basura de la tele, de los que yo me trago con bastante más facilidad de la que quisiera, porque así no puedo presumir de intelectual. Mierda. 

No hay ruido de coches ni de otros seres, aparte del crujido de las hojas cuando Bruno salta y corre sobre ellas, con tanta ilusión como la primera vez. El cielo está despejado y no hay ni una puta nube que me proteja psicológicamente de este frío, me siento en medio de un espacio vacío y gigante que me ahoga con mis propias manos. Algo difícil de soportar, como que un cuervo te coma el hígado todas las noches por ser un chivato. 

Al menos, la luz de la luna se refleja en los miles de cristales esparcidos por el suelo, haciendo el paseo canino menos desagradable. Ya hace tres semanas que robaron en varios coches de mi calle, y todos los que por allí caminan han ido repartiendo pedacitos de cristal por la acera. Por el día siguen siendo trozos de ventana que algún miserable rompió, pero por la noche se transforman en diminutas estrellas que se han caído del cielo, que han perdido su luz propia y pasan tanto frío como yo, una humana cualquiera que nada tiene que ver con cosas celestiales (todo lo contrario). A lo mejor después de todo romper cristales no está tan mal.

Hay un chico que no tiene perro y aparece de repente, rompiendo el silencio con Somewhere I belong escapando de sus auriculares, seguramente a un volumen poco sano, porque lo escucho a varios metros de distancia. Bueno, rompiendo el silencio y también mis pensamientos cursis sobre cielos estrellados en el suelo que piso. Me pregunto cuál es el motivo de caminar sin perro con tanto frío, supongo que algo le ha distraído y se ha olvidado de la hora que era. ¿O eso es lo que me ha pasado a mí? 

Normalmente deseo que el tiempo pase deprisa y poder dormir pronto, especialmente si lo que me toca al día siguiente es un lunes odioso. Así que claramente he perdido la poca cordura que me quedaba, porque ahora me dedico a olvidarme de la hora y a desear parar el tiempo en muchos momentos, por ejemplo, cuando estoy en otro planeta.

La inercia, sin embargo, es una vieja amiga, y todavía confío en ella para dejarme llevar por donde más le guste y más fácil resulte. A pesar de pagar facturas cada vez más elevadas y a pesar de que queden pocos días para estamparme contra un muro durillo.
Me dijo un profesor que a esta fase él la llamaba “época de las lágrimas”, que se refiere a las lágrimas que se te caen cuando llegan los exámenes y tú has estado pasándotelo mejor de la cuenta. Serían lágrimas de arrepentimiento. Yo ahora no lloro, no porque se me hayan acabado las ganas, sino porque se me han acabado las lágrimas. 

De todas maneras, no tengo ganas de llorar por no sacar una plaza PIR, no hay arrepentimiento, he cubierto el cupo de suerte para este año ya, aunque estamos en enero.

El chico y yo nos cruzamos en nuestro camino, escucho Somewhere I belong todavía más fuerte durante dos o tres segundos. No nos miramos a la cara, más bien nos esquivamos, creo que nos molestamos mutuamente, por ser de la misma especie. La música se desvanece con él, y Bruno se acerca a mí con ganas de volver a casa. 

Quiero que no se acabe el domingo y cuando llegue el lunes, seguir buscando la manera de conservar el siguiente domingo, grabarlo, retenerlo, pararlo, o lo que sea. Odio los lunes...aunque sea poco original.



And I get lost in the nothingness inside of me (I was confused), and I live
it all out to find that I'm not the only person with these things in mind...


martes, 18 de enero de 2011

I COULD BE BROWN, I COULD BE BLUE, I COULD BE VIOLET SKY...




Con la nueva ley antitabaco ahora no se puede fumar en el interior de los bares, y los fumadores, sin pensárselo demasiado, han instaurado rápidamente una nueva costumbre: la de comer en una terraza a nueve grados centígrados. Parece que no les importa comerse los macarrones fríos o andar con cuidado para no meter la bufanda en la sopa. Es enero pero un cigarro puede hacer que te olvides de ello. Cuando tienes algo muy claro así funcionan las cosas, por lo visto (yo no tengo experiencia en eso).
Y los fumadores tendrán muchos defectos debido a su adicción, como falta de empatía, que te echen el humo en la cara, que no se den cuenta del olor a tabaco de su ropa, que prefieran fumar antes que hablar contigo...pero no se les puede acusar de una falta de coherencia. De hecho, a mí ahora no se me ocurre un ejemplo mejor de coherencia, que estar dispuesto a congelarte con tal de conseguir tu objetivo.

A mí me pasa todo lo contrario, no tengo personalidad. Sufro de incoherencia crónica y chaqueterismo de pro, dos cosas que siempre me llevan por el camino de la amargura (en eso sí soy estable) y también a los demás. Últimamente, esta faceta mía está llegando a límites inhumanos ya. Por ejemplo, en el último mes he decidido cambiarme a Yoigo, comprarme diademas para el pelo y utilizar la palabra "siempre". El mes anterior no sé cuál de las tres cosas me hubiera parecido más absurda, lo único que sé es que ahora me pongo diademas todos los días, y peor aún, quiero más. Porque sí.

En la mesa del instituto leí una frase que alguien había escrito: "Pensar implica un cambio de opinión constante". Eso me lo creí durante un tiempo, incluso fue un consuelo y una justificación para criticar cosas que después acababa haciendo yo misma, pero también se difuminó (sino no sería chaquetera del todo).
Me preocupa (no siempre, claro) no saber lo que quiero, no saber lo que no quiero, y querer cada día una cosa distinta. La incertidumbre es algo que empaña y empaña mucho el cristal por el que miro.

Para acabar de liar la historia  y si fuera coherente con todo lo que estoy diciendo, ahora tendría que llorar un poco y decir que ojalá encuentre algo en mí misma de lo que me pueda fiar, y sobre todo, algo de lo que se puedan fiar los demás, algo que no va a cambiar. Eso es lo que solía hacer. Pero no, ahora estoy estable y en lugar de alegrarme, descansar y tranquilizarme, me da por tener miedo. No estoy acostumbrada, no es mi terreno habitual. Quiero ser tan histriónica como siempre y no me sale, oye. No hay dios que lo entienda.


 ...I could be hurtful, I could be purple...

viernes, 7 de enero de 2011

OFF THE RECORD



Art. 39: ...El psicólogo únicamente recabará la información estrictamente necesaria para el desempeño de las tareas para las que ha sido requerido. (no seas cotilla)


Es la información no estrictamente necesaria la que suelen traer las personas a la consulta. Palabras que son "inútiles" para la evaluación y diagnóstico, datos que no hacen referencia a síntomas, sino a aquella combinación de cosas que nos hacen únicos . Tan poco necesaria es esa información, que es la que más a salvo está, la más privada, la que está off the record porque ni siquiera se escribe en el historial clínico, por no ser de interés profesional. Como por ejemplo, que L no soporta a su mujer cuando enciende velas aromáticas por toda la casa, pero le encanta el olor a pan tostado por las mañanas, porque le recuerda a cuando era pequeño, y por eso no quiere comprar bollería industrial para desayunar y prefiere levantarse antes y preparar tostadas para los dos. L es alguien con una vida fácil, pero nunca está del todo bien. Un día me regaló un CD con música, y me pidió que escuchara sobre todo dos canciones. Me dijo que se sentía identificado. A la siguiente visita yo ya me sabía casi todas las canciones de memoria y también me sentía identificada en alguna de ellas. No podía decírselo, así que solté un "gracias" + sonrisa social de psicólogo. ¬¬


...Tendré que confesarlo: Yo no puedo darte lo que quieres, porque soy errante...y mi cabeza gira locamente en el sentido inverso al que lleva la órbita terrestre y eso me hace equivocarme una y otra vez...y no puedo cambiar...

jueves, 6 de enero de 2011

APRENDIZAJE DE MI AMIGA-RATA MUERTA...(RIP)

Sí, ésta es la segunda entrada que escribo, y ya estoy poniendo una foto mía sin camiseta, para dejar claro qué clase de persona soy y que después no haya sorpresas.
Aunque recientemente me han dicho que esto de avisar con antelación es trampa y no te exime de tus pecados. Fuck.
También me han dicho que no es necesario cometer errores para aprender, que puedes observar los errores ajenos e interiorizar la moraleja. Los psicólogos lo llaman “aprendizaje vicario”, para los amigos “aprendizaje de mi amiga rata muerta”, es decir, cuando la rata es capaz de resistirse a comer el mismo quesito que su amiga-rata comió justo antes de morir en extrañas circunstancias.

Mis vecinos ahora son tres, pero antes eran dos. Un chico y una chica. Vinieron el año pasado a vivir aquí, más o menos en primavera. Ella es especialmente rubia, joven, guapa y delgada. Con una sonrisa brillante y una cara angelical. Él parece el típico tío duro de gimnasio, pero está claro que es el blando de los dos. 

Solían pasear por la calle cogidos de la mano, con una expresión tan cálida en sus caras, que parecía que nunca más se acabaría la primavera. Se besaban cuando se separaban para meterse cada uno en su coche, por las mañanas.

Hubieran sido la típica pareja que yo envidio, de no ser porque son mis vecinos. 
Por las noches, cuando pretendo dormir, les oigo gritar, y no precisamente en la cama. Se echan la culpa de todo lo que les sale mal, ella dice que quiere volver a Barcelona, él se queja del trabajo y la hipoteca. Creo que lo que más rabia les da es que no pueden volver el tiempo atrás. 
Me he acostumbrado a sus gritos y no me molestan. Sin embargo, me sorprendían siempre en el ascensor, después de los gritos de la noche anterior, con una sonrisa dulce para desayunar. 
Parece que ahora las cosas se han puesto chungas, y ya no disimulan que no se quieren, ni siquiera en el ascensor. Bajan los siete pisos sin mirarse, y lo único que rompe el silencio es el bebé que llora. 

No sé por qué están tan serios ni por qué las cosas parece que han empeorado, pero creo que es porque en lugar de cambiar sus vidas, las han hecho más irreversibles.  

Moraleja: Unas cuantas, pero sobre todo: no disimules delante de los vecinos, porque se enteran de todo y luego quedas mal. 



...Al cap de poc l'Elionor no hauria
pas sabut dir d'on li venien
les ganes de plorar.

domingo, 2 de enero de 2011

...LIKE DESTROYING SOMETHING BEAUTIFUL?



Dice que era la princesa de un palacio, lo había sido durante muchas lágrimas y muchos años, los suficientes para confiar en un final feliz con él. Ahora es una desgraciada con una casa gigante en Matadepera, con una hipoteca proporcionada, al tamaño de la casa y de su tristeza.

Esta mañana, en mi calle, han aparecido varios coches con los cristales rotos, sin haber ningún criterio de selección por marca, año, color, tipo de motor. Nada. Todos y cada uno rotos, a ambos lados de la calzada, a partir de una farola. Sangre fría...Estos personajes merecen ser llevados a la hoguera, he pensado, pero luego no he sabido cuál puede ser la diferencia entre ellos y yo. Al fin y al cabo, somos humanos. Ellos han destruido bienes materiales y yo destruyo otras cosas. Como el tío que engañaba a la princesa de Matadepera con cuentos de hadas.

Así que de repente he hecho algo que no suelo hacer: destruir recuerdos.

En concreto, cuatro años de fotografías y palabras, no muy bonitas ni acertadas, pero mías. Me ha asustado ver todo lo que me había cargado en ese tiempo, y así me creo que voy a dormir tranquila, escondiéndome en un espacio nuevo. Como los ladrones de coches cuando nadie les pilla, como la princesa de Matadepera cuando venda su castillo, y como cuando eliminas a alguien de tu vida y piensas que te olvidarás. Suerte...!



Soy una cursi, joder. Y yo me creía original por tener un fotolog como los adolescentes. Y además, me cago en Cajamar.